Buenas, nos hemos mudado al Hosting de CIUDADANO EN EL MUNDO
Mantendré el wordpress abierto un tiempo. Pero escribo las nuevas entradas siempre desde WWW.CIUDADANOENELMUNDO.COM
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Atardecer mágico sobre las dunas de Khongoryn els , desde la cima divisamos diferentes cuadros sacados de una obra perfecta. A nuestra izquierda un paisaje que hemos conocido estos días pasados, en cambio a la derecha se muestran de forma armoniosa un conglomerado de dunas que se dilyen en la inmensidad con esa belleza tan majestuosa y especial del desierto. Ver el ocaso del sol en el desierto es sin duda una de esas experiencias que nunca se olvidan, como jamás uno puede dejar de pensar en la súblime vista que tiene el cielo estrellado cuando llega la noche y puedes apreciar cientos de estrellas extendiéndose a lo largo del firmamento. En esos momentos uno deja volar la imaginación y puede ver a lo lejos como El Principito va de estrella en estrella recordándonos que jamás debemos dejar de soñar. 
Y en momentos así recuerdo aquello que nos dice el bueno de Javier Reverte ´Viajar es un acto de libertad, al igual que escribir es un modo de ser libre. El viajero busca lo que no imagina. Ningún lugar puede defraudar cuando se ha llegado a él guiado por la emoción. Y esa misma emoción es la que lo lleva a seguir buscando nuevos caminos y nuevas personas para conocer y crecer. Al fin de cuentas, de eso se trata viajar.´
Nuestro tiempo en el Gobi se acaba y debemos volver a Ulan Bator, el tren nos espera de nuevo, un tren que rige un viaje lleno de contrastes y de cambios de paisajes a lo largo de la inmensa extensión terrestre que estamos recorriendo desde San Petersburgo a Pekín. En el camino de vuelta a Ulan Bator nos daba tiempo a cruzarnos con un grupo de nómadas que estaban desmontando su ger. Poder presenciar con mis propios ojos lo que había visto muchas veces en los documentales de la tele me causa una grata sensación de felicidad. Las sonrisas y el afable carácter del pueblo mongol se refleja en los sinceros rostros de esta entrañable familia.
En momentos tan especiales recuerdo a aquel joven soñador recorriendo Europa y Asia con una mochila y viendo como la gente es lo mejor: se abre al joven viajero, mostrándole lo más recóndito de su alma, entregada, frente al inofensivo y joven testigo, a un monólogo en el que laten, prístinas, directas, las vidas, las esperanzas y los sueños de un tiempo perdido.
Y la sonrisa y amabilidad del pueblo mongol es algo que nos acompañó durante todo el trayecto, tanto en la capital como en el ger más remoto en la inmensidad de la aparente NADA. Pudimos estar una hora viendo a la gente desmontar su vivienda móvil, poder presenciar con nuestros ojos un hecho que poco ha cambiado a lo largo de los siglos. Gotov y Bayra hacían sin duda de perfectos anfitriones entre la gente de su país y su simpatía y sonrisas nos habían irradiado durante estos 8 días. Los cuatro somos conscientes de que no nos podían haber tocado dos guías mejores. 
La vuelta a la ciudad nos permite volver al que fue nuestro primer ger, allí vamos a ir poco a poco mentalizándonos que este maravilliso viaje por el Gobi va llegando a su fin. La última noche en la inmensidad de los espacios abiertos es especial, tanto Claudia como yo divisamos un mar blanco a lo lejos y vamos caminando hasta la que resulta ser una salina en la mitad de la nada. Dicho espacio ejerce como un imán ante el reflejo del cielo y de las estrellas. Pero ol que aparece a simple vista como cercano resulta ser un espejismo que está al menos a unos 5 kilómetros de distancia.

Observar la inmensidad del cielo mongol desde aquí es verte rodeado de montañas, de la belleza del silencio y de un sol que se va para dejar paso a su hermana la luna. En momentos así uno cree encontrarse con muchas cosas de uno mismo, con momentos que deja atrás, con otros viajes, y con los viejos libros que le han llevado hasta aquí.
Llega un nuevo día y ese amanecer resulta ser nuestro último desayuno en un ger, podemos ver los rostros y las sonrisas del pueblo mongol en la niña que nos mira, Claudia juega con ella y le enseña a pintar con unos colores y cuadernos que les hemos dejado. Sin duda que cuesta imaginar que familias sigan viviendo de la misma forma que hace siglos . Un mundo que contrasta con el otro del que venimos y es que son dos mundos que poco tienen que ver. Del mundo de los nómadas del Gobi al otro mundo marcado por el consumo, Internet, Ipods y tantos aparatos . Allí ,en la lejana Mongolia muchas de estas cosas parecen no ser nada más que recuerdos de una vida lejana.
Llegamos a Ulan Bator y nuestros subconscientes van haciéndose a la idea de volver a disfrutar una ducha tras una semana alejados del agua y de las comodidades . En esos casos uno empieza a echar de menos ciertas comodidades de la que queramos o no es la sociedad donde hemos nacido. Tras la merecida ducha nos da tiempo para saborear poco a poco lo que hemos vivido. A veces llega a nosotros el sonido del silencio bajo la belleza de un cielo mágico, agradecemos todo a Gotov y a Bayra y les dejamos una propina, se siente uno reconfortado con gente así y también al ser recibidos de forma afectuosa y alegre por los propietarios del fantástico Golden Gobi.
Nuestras últimas horas en Ulan Bator las pasamos en nuestro restaurante favorito saboreando una fantástica pasta que se agradece. Volvemos aquí en muchos aspectos de manera diferente a la que fuimos. Me alegra el haber compartido este viaje tan especial con una mujer maravillosa como Claudia. Debemos volver al Golden Gobi Hostel , nuestras horas en Mongolia se acaban y tras despedirnos de la maravillosa gente del Hostel vamos rumbo de nuevo a la estación de tren. Volver a reencontrarnos con la agradable rutina del tren, atravesar los vagones y dejar nuestras mochilas de nuevo en nuestros compartimentos; todo ello marca los primeros minutos de vuelta en un tren que en cierta forma es algo más que un simple medio de transporte.
En un día estaremos trasladados a otro mundo, dejaremos paso a la paz de Mongolia para recibir el caos de Pekín. Parece curioso ese salto de ser Teletransportados de la inmensidad del cielo azul del Gobi a la polución de la capital China.
Debido a las fechas no hemos encontrado un tren directo a Pekín, así que debemos hacer escala en Erlian, la población que hace de frontera mongola-china y donde debemos hacer el chequeo de pasaportes para entrar en el gigante chino. Llegar a Erlian en tren es pasar a buscarse la vida para llegar a Pekín en bus. A veces lamentamos que no podamos llegar directamente en tren , pero estos son sin duda los gajes del viaje. La horas pasan lentamente en el balanceo del tren, llegamos a nuestra parada y pasamos a realizar el chequeo de pasaportes, de nuevo estoy en China. Los militares con caras de pocos amigos miran y remiran los pasaportes, los dedos del frio funcionario de frontera pasan arriba y abajo las numerosas hojas de mi pasaporte y me mira cada vez que ve un sello diferente. Se acumulan ya cuatro entradas a China en el último año, mientras sigue mirando el pasaporte compruebo que soy el único occidental que queda sin haber traspasado el chequeo. Veo nuevos militares que miran y remiran, y en una esquina se ven algunos perros , algunos viajeros son elegidos para mostrar el interior de sus mochilas.
Tener el pasaporte de entrada en China nos alivia, aunque de repente se abalanzan sobre nosotros una marabunta de mujeres vendiendo billetes a Pekín. Desistimos de sus ofrecimientos y recuerdo alguna de las cuatro palabras de Chino Bu Yao! para decir simplemente No quiero!. De nuevo en China, y de nuevo en el caos, sentirse de nuevo Lost in Translation me recuerda a los meses durante la vuelta al mundo. Llegamos tras varias vueltas a encontrar un cajero automático dentro de un hotel, rodeamos para encontrar la estación de buses y tras comprobar que la espera se debe prolongar por muchas horas decidimos optar por unirnos a uno de los minibuses que hacen el trayecto Erlian- Pekín. Nos separan unas 8 o 9 horas de Pekín, lo que en España sería casi algo como ir de Oviedo a Valencia.
Nuestro conductor iba a ser uno de los ´personajes´que aparecen en el Transiberiano, grosero en sus modales y con una conducción suicida nos llevaría a Pekín. Durante el trayecto pudimos ver parte del dramático milagro chino. Cientos- miles de camiones que se cruzaban con nosotros en una autopista que carecía de turismos, una autopista que se asemejaba a la carretera de la muerte y a las películas de Mad Max. Vivir en carne propia lo que es un conductor chino que ha pasado de la bicicleta al autómovil sin educación vial es una experiencia poco recomendable y que ciertamente asusta cuando recorres cientos de kilómetros. Tras unas 9 horas de trayecto en el que nuestros nervios se pusieron a flor de piel llegamos a Pekín ya en noche cerrada. 
Esa noche llegamos a una capital china que no pude visitar durante la vuelta al mundo, el cansancio y el nerviosismo se mostraba aún en los rostros de Susana, Claudia , Gianluigi y en el mio propio. Llegar enteros y de una pieza con un conductor suicida era motivo para estar alegres. El hostel nos recibia con ese colorido y ambiente especial que solamente se puede observar en ciertos alojamientos para mochileros. El hambre apretaba y pudimos saborear una fastuosa primera cena en un agradable restaurante familiar. Cenar y degustar nuestra primera noche pekinesa. Todos nos sentímos a gusto de estar ya aquí en el que sería un hostel para un día, el precioso Beijing Heyuan International Hostel.
Atrás quedaba ya Rusia y Mongolia, parecía que fue ayer cuando nos dedicamos a explorar las bellas avenidas de San Petersburgo. Parece un espejismo el haber pasado en dos escasos días de la paz absoluta con la inmensidad del cielo azul de Gobi a aparecer en una ciudad con la contaminción extrema que tiene Pekín. Dejamos ya la sonrisa e inocencia del pueblo nómada mongol para encontrarnos de nuevo con el caos y el desarrolo insostenible de la nueva China. Pero los viajes son eso, contrastes, experiencias y adaptarse continuamente a lo que aparece en los caminos de la vida.
Hoy la cita es :
“Tan sólo pido una cosa. el cielo sobre mí y el suelo bajo mis pies”. Robert Louis Stevenson
Avanzamos en el jeep y por cosas del destino recuerdo aquellas frases y entrevista a Kapuscinski en las que hablaba de cruzar fronteras. A los pocos minutos oigo a nuestro guía Gotov decir que ya estábamos en el Gobi , su simpática voz nos dice We are in Gobi guys . En esos momentos empiezo a recordar y pienso en diferentes fronteras ( físicas o imaginarias ) que hemos dejado atrás. Volar desde una Barcelona llena de turistas a una San Petersburgo que sigue mostrando un porte imperial ya fue una primera frontera que separaba dos mundos. Pasar luego a una Moscú llena de la historia bipolar del siglo 20 contrastaba con la frontera que fue llegar a Kazan, sentir los mundos de Asia Central y rememorar el libro Rumbo a Tartaria de Robert D Kaplan. 
Avanzar en el Transiberiano y atravesar fronteras de paisajes, de pueblos y de estilos de vida que se profundiza al apearnos en Omsk e Irkutsk. Mongolia no era tan solo una frontera de dejar atrás Rusia y llegar a Asia. Era pasar de nuestro mundo occidental sendentario ( tanto rural como urbano) a adentrarse en uno de los pocos pueblos nómadas que quedan en la faz de la Tierra. La ciudad de Ulan Bator ejerce como frontera urbana con el mundo nómada de su propio país, pero al oir la palabra Gobi empiezo a pensar en todas aquellas fronteras que separan la realidad de la ficción. A las infinitas fronteras mentales y físicas que he pasado a lo largo de tantos años, fronteras que me han servido de aprendizaje constante hasta llegar a uno de los lugares más desolados y bellos en los que he estado.
La lectura y las aventuras que subyacen en nuestros inconscientes y que un día llegan a materializarse en realidades palpables llenas de VIDA. Recordar aquellas frases de algunos escritores- viajeros que admiro con sus no sé si soy un lector que viaja o un viajero que lee. Aquí de repente en el Gobi, me siento a la vez tan lejos y tan cerca de todo. Extrañas sensaciones que se producen entre los viajeros y entre aquellos que alguna vez deciden partir en busca de la aventura o en muchos casos de algo que hasta ellos mismos ignoran. Saberte muy lejos de casa, pero sentirse a la vez tremendamente a gusto y realizado.
Recuerdo a ratos conversaciones que he tenido sobre estos sentimientos y emociones con otros viajeros. Siento de nuevo algunas de aquellas charlas a la luz de la luna en diversos rincones de Asia. Y de repente empiezo a sonreir y a sentirme inmensamente feliz y lleno de VIDA.
El jeep ruso se convierte en algo más que nuestro medio de transporte, pasamos varias horas todos los días dentro, así que las conversaciones fluyen entre todos, sirve a su vez como casa rodante donde llevamos nuestras mochilas y los utensilios de cocina y de acampada. Una rutina agradable se establece cuando nos levantamos a desayunar, cuando paramos por necesidades de fuerza mayor en la inmensa Mongolia, cuando acampamos durante algunas horas para comer , o cuando llegamos a nuestro destino a media tarde y saboreamos la hospitalidad y sonrisas del pueblo mongol.
El cruce de caminos entre lo que estoy viviendo y lo que estoy leyendo en el libro de Stanley Stewart se entremezcla. A veces cuando cierro los ojos creo despertarme tras ensoñaciones donde veo caballos galopando, guerreros mongoles liderados por un Gengis Khan que asolan toda Asia y media Europa . A menudo la realidad se mezcla de forma difusa con la Historia que he leído y he logrado trasladar de los sueños a verme inmerso en uno de esos lugares que suenan a leyenda.
Los paisajes van variando a lo largo de los días asemejándose a un documental de la televisión. Pasaremos de inmensos altiplanos al puro desierto, de acantilados rocosos a verdes cañones. De cruzarnos con jinetes a caballo a esquivar a grupos de camellos, de pueblos en la mitad de la nada a grupos de gers aislados. Todon ello se produce bajo la inmensidad de un cielo azul que no se iguala en belleza al que jamás haya divisado. Hablamos entre todos y reímos, nos sabemos participes de estar en uno de esos preciosos parajes que muchas veces hemos visto en los documentales de la televisión y en las revistas de viajes.
Y ahora que escribo esto pienso en la mezcla de la lectura y la realidad, en aquello que Hugo Pratt (el creador de Corto Maltés) decía : Soy un creador, y por lo tanto mi mundo está hecho de imágenes vistas por mí mismo o formadas en mi imaginación después de haber leído o escuchado una narración, un cuento o una sensación.”
El sol se intensifica durante el día, pero como en el resto de desiertos del mundo a partir de la noche la gelidez invade el ambiente. Dormimos en los gers y hacemos acampada, los sacos de dormir raras veces nos aislan completamente del frio, así que muchos días nos toca dormir completamente vestidos. Hemos hecho parada en algunos pueblos del desierto, a veces uno piensa en los mundos que nos unen pero a la vez en los que nos separan. Las gentes nos sonrie en las calles, en el interior de las tiendas y en los mercados . Los niños muestran su asombro e innata curiosidad ante los rostros extranjeros que ven, expresan la innata sorpresa propia de la edad infantil mediante muecas a sus madres . Tengo una suerte infinita al estar en estos increíbles lugares compartiendo estas vivencias con una mujer tan especial como Claudia.
Pasan los días y eso ha llevado a entablar interesantes conversaciones sobre la vida con Bayra y Gotov, nuestros guías locales nos hablan de sus vidas, del país , de los duros inviernos a -30 ºC, de sus experiencias a lo largo de los años con otros viajeros. No dejamos de preguntarle acerca del yugo soviético, nos habla de las dificultades que ha pasado su pueblo, pero a la vez nos habla de los grandes amigos que ha dejado entre los rusos. 
Cuando escucho a Gotov y a Bayra sonrio ante el recuerdo de los innumerables rostros y vidas que me crucé en Asia durante la vuelta al mundo. Esas sonrisas y humanismo que irradia los corazones de tanta buena gente que me he encontrado en los caminos de Asia. Vidas dificiles en muchos casos, pero unos corazones y bondad que irradia por los cuatro costados a tan especiales personas.
Las montañas de Gurvansaikhan nos sirven de lugar de acampada, podemos disfrutar esa jornada de todo el espacio natural que se encuentra en los alrededores , tiene una belleza súblime, cañones ente montañas. Suele ser una parada para los tours que recorren el Gobi, es una zona por la que se hace un trekking de un par de horas, y en nuestro caso tenemos la suerte de hacer la acampada a unos diez minutos en jeep de la garganta .
Es un lugar precioso por el que pasas entre cañones, riachuelos y montañas. Se pueden ver algunos caballos y cabras rondando por los alrededores. En invierno es una zona completamente nevada e incomunicada, pero ahora mismo podemos disfrutar de un enclave especial y mágico. Tenemos a las cabras por compañeras y el leve sonido del riachuelo que pasa a escasos metros de la tienda. Todo este paisaje contrasta con paisajes que veremos en lugares como los Flamming Cliffs o las dunas de Khongoryn els.
El primero es una espectacular maravilla de la naturaleza, formaciones rocosas maravillosas y unas vistas increíbles sobre el bello paisaje infinito del desierto. Paisajes que se asemejan a veces al espacio lunar, y un lugar famoso entre los paleontólogos por los restos de dinosaurios que aquí fueron encontrados. Las dunas de Khongoryn els son uno de los lugares naturales más espectaculares que he visitado en mi vida, unas preciosas formaciones de arena que se extienden a lo largo de decenas de kilómetros. Un lugar y unas vistas que me dejaron imborrables recuerdos en unos de los más bellos atardeceres que recuerdo haber vivido jamás.
En momentos como el de esta increíble semana por el Gobi se acumulan en mi muchas sensaciones, emociones, momentos irrepetibles. Pienso en aquello que me dijo Victor Alonso, en el Transiberiano vas a ver como se concentran en pocas semanas muchas de las emociones vividas en muchos meses de vuelta al mundo. Creo que tiene razón el bueno de Victor, y de repente al emprender la última noche veo las estrellas sobre ese cielo enorme , precioso y claro que solamente el desierto puede dar. Entonces me acuerdo del Principito y le veo pasar páginas de aventuras a lo largo de muchas fronteras, y llega un momento en que su mirada se cruza con la bondad del reportero polaco y ambos Se acercan a la realidad de las personas más humildes y describen lo que ven, con una mirada humana, en la que se adivina el deseo de comprender y ayudar. Gracias a esa cercanía amable, al trato directo con el pueblo más de a pié logran describir con realismo cómo viven, cómo piensan, qué huellas de la historia pueden estar detrás de acontecimientos penosos. Kapuscinski sólo entendía el viaje “como descubrimiento, como exploración, como esfuerzo: viajar en busca de la verdad, no de distensión”.
Hoy la cita es:
´Ir sin amor por la vida es como ir al combate sin música, como emprender un viaje sin un libro, como ir por el mar sin estrella que nos oriente.´ Stendhal
Ulan Bator ejerce como capital de Mongolia, pero está claro que lo que de verdad ejerce atracción y se va buscando es poder ver y sentir los enormes espacios abiertos que hay a lo largo de las inmensas extensiones del país. Las comunicaciones dentro del país en transporte local como todos podéis imaginar no están muy desarrolladas .Dista mucho ese aspecto de lo que se puede experimentar en cualquier otro país asiático de los que he visitado. Y es que tanto en el sudeste asiático, como en China, India o Nepal los transportes funcionan , mejor o peor pero siempre hay líneas regulares o transportes especiales. En Mongolia en cambio tienes que contar con la premisa de que debes adaptarte a lo que hay. Y en ese caso lo que hay es escoger un Tour para poder visitar parte del país durante X días. Una semana, dos o lo que decidas. Nuestra elección fue dedicar 8 días a explorar parte del país.
Para elegir un Tour en Ulan Bator pensamos varias opciones, tanto de lugares como guías. Finalmente llegamos a la conclusión de hacer el viaje por el Gobi durante esa semana, y finalmente nos decantamos a ir en el viaje que ofrecían el Golden Gobi ( un genial Hostel que ofrece Tours y que es regentado por una amable familia) .
La idea es que normalmente estos viajes son compartidos con otras personas, en nuestro caso tuvimos la suerte de encontrar a una genial pareja. Susana de Madrid y Gianluigi de Napoles, unos encantadores viajeros afincados en Roma. La mezcla latina aparecía en el corazón de Mongolia, curiosamente estaban haciendo el Transiberiano y estaban buscando ´compañeros´ para esos días de viaje. Tras ver varias opciones, todos acordamos en el viaje por el Gobi y en la duración del mismo.
Lo primero que nos dijeron antes de realizar el viaje es que estaríamos una semana sin ducharnos, lo cual sea dicho de paso es algo que termina notándose
. Nuestro transporte iba a ser un viejo jeep ruso que ejercía como un titánico explorador por los desiertos mongoles. Una de las mejores partes del viaje es contar con los guías locales: en nuestro caso tuvimos la suerte de tener a Gotov y a Bayra. El primero ejercía como chef ( hay que decir que la cocina mongola y sus cocineros no destacan por su creatividad y destrezas) traductor y guía, y el segundo como chofer y mecánico.Con tan ilustres personajes íbamos a compartir una emotiva semana llena de vivencias, risas, grandes momentos y la sana amistad de la gente noble y afable que abunda en Mongolia.
El jeep ruso iba a ser parte de nuestro hábitat natural durante esa semana, pasamos bastante tiempo en su interior puesto que las distancias del país son enormes. El primer día y a unos escasos veinte minutos de distancia de Ulan Bator ya empiezas a experimentar la belleza súblime y la grandeza de Mongolia. Caballos a lo lejos, pastos enormes y la internacionalmente reconocida imagen del hogar del país : Los gers , esas casas que sirven como viviendas itinerantes de uno de los pocos pueblos nómadas que siguen quedando en el Planeta Tierra.
Tras la excitación de la primera media hora , ya empezamos a sentir el vaiven del jeep y los saltos provocados por la orografía del terreno. Las carreteras desaparecen, y los caminos rurales apenas se distinguen. Muchas veces es el campo a través la mejor solución para elegir el camino adecuado. Las primeras horas sirven para conocernos un poco más entre todos, preguntas de rigor sobre nuestras vidas y la pasión por los viajes y la aventura. Con Gotov y Bayra hablamos de Mongolia, del Comunismo y de diversas experiencias que han tenido en otros tiempos. Entre Claudia, Susana, Gianluigi y yo empezamos a hablar un poco de todo: desde las experiencias con el Transiberiano a la burocracia rusa o el simple gusto de viajar como mochilero y lo bien que nos sentímos al entrar en los hostels que hay por el mundo.
Aproximadamente a las tres horas de nuestra salida de Ulan Bator hacemos la primera parada seria del viaje, una parada técnica para comer y poder entrar por primera vez en un ger. Lo bueno de hacer viajes en ciertos lugares como Trekkings o tours con gente como el Golden Gobi o la Eagle House de Chiang Mai es sin duda el impacto beneficioso que el Turismo Responsable tiene en poblaciones y gentes de estos lugares. La comunidad se beneficia del turismo de una forma directa, tras los primeros y tímidos saludos podemos ver las francas y sinceras sonrisas del pueblo mongol. Entrar en el primer ger es recibir el té con leche fermentada, conocido como airag, es una de las cosas más fuertes que recuerdo haber tomado en años. El primer gesto es obviamente el de aceptar la hospitalidad, aunque las primeras sensaciones son la de las sinceras sonrisas que invaden el ambiente, eso se mezcla con el fuerte olor de la leche que se siente por todos lados y se hace dificil de tomar a la primera. Sin duda que las sinceras sonrisas de los mongoles es algo que entra por los ojos y el corazón, haciendo desde el primer momento super agradable la estancia.
En ese primer contacto con la gente de los gers podemos ver detrás de la vivienda a un grupo de crios jugando alrededor de una canasta . Sin duda que dista mucho de las canastas que teníá en mi Colegio, pero al final no deja de ser grandioso eso de poder jugar a baloncesto a miles de kilómetros de aquellas canastas de minibasket con las que crecía, ahora con muchos años más a cuestas me encontraba bromeando y jugando alrededor de una canasta hecha con un tronco de un árbol y un madero. Sin cortarme un pelo decido ir a bromear con los crios e intentar jugar.
Sudorosos, con las primeras risas y la primera toma de contacto con la población local nos sentamos a la mesa. Como dije antes, la gastronomía no es el fuerte del país. Así que empezábamos a saborear uno de los platos que se iban a repetir durante todos los días, o algo de cordero o algo de pasta. No obstante empezamos a adaptarnos rápidamente a lo que teníamos por delante en el ámbito culinario. Tras el almuerzo y un breve descanso proseguimos la marcha, Sin saber aún que esa iba a ser nuestro primer ger, pero también el último una semana después.
Parece mentira que hace una jornada estuvieramos en la ciudad, ahora delante de nosotros solamente aparecía la inmensidad de un paisaje mágico : la amplitud y belleza de un cielo perfecto que servía de soporte a las bellas montañas y pastos que se extendían durante cientos de kilómetros. La ausencia de presencia humana raramente salpicada por algún ger a lo lejos o el galope de unos jinetes sobre unos pastos extensísimos. Los camellos se nos aparecían en algunas ocasiones y nos hacían ver que estábamos al borde de una de las zonas más áridas y con la climatología más extrema de nuestro planeta. Con esto no es dificil entender que uno perciba y sienta una increíble sensación de libertad, tranquilidad y paz. Y es que si piensas friamente, muy lejos de aquí queda Internet y las frías oficinas , la contaminación de las ciudades o el rigor de los horarios parecen una pesadilla que aquí no existan. El silencio extremo del viento que agudiza el paso del tiempo contrasta con ese estilo de vida que hemos dejado atrás en el que las agendas y el sonido de los pitidos de un coche o del teléfono móvil invaden nuestra vida.
Pasaban las horas y de repente nos dice Gotov que en breve vamos a hacer una parada, divisar una zona de acantilados, de rocosas formaciones que nos permiten saborear la naturaleza en su bello esplendor. Todo ellos nos da tiempo para divisar de primera mano las formaciones cambiantes de un paisaje que iba a oscilar tremendamente durante la semana que teníamos por delante. Llegar al lugar donde pasaríamos nuestra primera noche sería encontrarse con la hospitalidad de un pueblo, pero a la vez con la magía de un improvisado granizo y con los colores de un arco iris que hicieron de este día un lugar para mantenerse siempre vivo en nuestra memoria y corazón...
Hoy la cita es:
´´A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco´´. Michel Eyquem de Montaigne
Cuando se oye hablar del Transiberiano, lo primero que viene a la mente es lo que su propio nombre indica: Siberia y la inmensidad de Rusia. Obviamente la fama que lleva el legendario viaje en tren radica ya en su propia historia y construcción . No obstante , hay que decir que dentro de la propia aventura en tren se pueden elegir diferentes combinaciones. El llegar a Vladivostok puede ser una de ellas, pero otras puedes ser llegar a Pekín, tanto atravesando Mongolia por medio del Transmongoliano (como fue nuestro caso) o bien bordeando dicho país para ir por Manchuria y realizar el trayecto conocido como Transmanchuriano.
Y es que como decía Graham Greene Las personas reales están repletas de seres imaginarios, y no hay mejor manera de recrear esos seres y ensoñaciones que con el VIAJE.
Sea cual sea la elección del viajer@ , lo que vamos a tener claro es una cosa: el tren obviamente tiene una vital importancia en este viaje. Muchas veces me han comentado que vaya coñazo estar tanto tiempo dentro del tren. Lo cierto es que a veces obviamente cansa, pero considero que el Transiberiano no solamente es un viaje que lleva del punto a al punto b, el Transiberiano es algo especial y se puede definir con lo que ya nos decía Robert Luis Stevenson ´´ Yo no viajo para ir a alguna parte, sino por ir. Por el hecho de viajar. La cuestión es moverse´´. Es más, creo que el Transiberiano no es recomendable para ir en plan turisteo. Muchas veces las incomodidades son notables, la burocracia y los problemas de comunicación son variados, y quizá por ello pese a ser mes de agosto el número de viajeros occidentales que nos hemos encontrado se cuentan por pocas decenas.
En mi caso , considero al Transiberiano un viaje literario y un viaje romántico. Sin duda un viaje especial, un viaje que han hecho algunos de mis escritores favoritos como Manuel Leguineche, Tiziano Terzani, Robert D Kaplan, Colin Thubron o Paul Theroux. Un viaje que me iba a poder permitir ver, sentir y vivir a través de los ojos de las gentes de tres países que durante el siglo 20 y a lo largo de los siglos han marcado parte de la Historia para lo bueno y malo del Planeta en el que vivo. Rusia, Mongolia y China son además de enormes países, tres sociedades totalmente distintas y donde el Comunismo ha dejado una huella imborrable en su Historia reciente, así como en sus gentes y formas de ser. Un viaje que no solamente es ir de Moscú a Pekín , sino que en mi caso era un viaje literario para vivir en mi propio ser uno de esos viajes románticos que todavía se pueden hacer en esta época de Internet y donde el turismo de masas ha llegado a saturar algunas zonas de este Planeta.
Confieso que siempre he sentido una curiosidad innata por Oriente, viendo la inmensidad de Rusia, Mongolia y China me venía aquello con lo que empezaba El Camino más corto de mi admirado Manuel Leguineche . Aparecían de nuevo ante mi esas reflexiones de ese gran libro y del Diario de un filósofo, del Conde de Keyserling en 1919. ¨ Quiero anchura, dilataciones donde mi vida tenga que transformarse por completo para subsistir, donde la intelección requiera una radical renovación de los recursos intelectuales, donde tenga que olvidar mucho –cuanto más, mejor- de lo que supe y fui. Siento en mí la beatitud de la libertad conquistada. Seguro que no hay nadie ahora más independiente que yo…”. Necesitaba y necesito la amplitud de espacios y el caos de Asia, siempre me ha fascinado y siempre me siento a gusto en ese continente, considero que en muchas cosas tiene un alma especial que enamora al viajero.
Los motivos pueden ser variados, pero siempre me han interesado espacios como: el Bloque del Este, todas las sociedades asiáticas, el caos geopolítico que tiene lugar en las ex repúblicas soviéticas y en todo el espacio que recorre la antigua Ruta de la Seda. Llegar a Mongolia en tren y poder estar en un país con una rica Historia de nomadismo y con unos paisajes tan diversos y espectaculares siempre me había parecido algo fascinante y que debía hacer con el Transiberiano. Hay que decir que Mongolia queda demasiado lejano para el turismo occidental en general y que lo primero que nos viene a la mente al oir Mongolia es: Nómadas o Gengis Khan. Por lo tanto , llegar a una Ulan Bator que ejerce como capital y a la que muchos no le ponen voz ni rostro era un fenomenal destino para descubrir algo de tan interesante país. Así mismo , tenía que llegar a un Pekín que me fue imposible visitar durante la vuelta al mundo por la bajada de las temperaturas.
Llegamos a saber de nuestra entrada en Mongolia con los primeros rayos de sol de un precioso día de Agosto. Divisar caballos a lo lejos y presenciar un maravilloso amanecer daban muestras de que el ambiente y el paisaje acababan de cambiar notablemente . Con un genial colorido en el cielo pudimos sentir que dejamos atrás la fascinante y a la vez desesperante Siberia y Rusia. Nos alegraba el poder divisar desde el cristal de tan mágico tren a caballos que estaban pastando libres o bien iban montados (por los que dicen son los mejores jinetes del mundo). Ver manchas blancas intermitentes a lo lejos no eran fruto de nuestras ensoñaciones, eran gers( las famosas casas desmontables del pueblo mongol) que tantas veces habíamos visto en los documentales de la televisión. Sin duda que todo ello ejercía un cosquilleo en el estómago de Claudia y del mío . En estos momentos Rusia parecía que quedaba muy lejos, a pesar de que hace un día estábamos en Irkutsk. 
A nuestra llegada a Ulan Bator en el tren , atravesamos las barriadas de la ciudad y podíamos ver como en muchas partes parecía que el campo había llegado a la ciudad. Algunos Gers mostraban síntomas de las migraciones modernas campo-ciudad , las afueras de la ciudad se veían pobladas por improvisadas casas de nómadas que aquí ejercían como residencias permanentes. Las vidas rodeadas de misería en la ciudad que se vuelve un infierno cuando el sueño urbano se convierte en una pesadilla. Cuesta a veces entender que la vida de ciertas personas sea mejor en el caos urbano que en la inmensidad del campo. Es algo que siempre me he preguntado, pues en varias experiencias y viajes veo lo mismo. Muchas veces la miseria es lo único que se encuentra en las urbes, mientras que en el campo siempre hay algo que comer. Iba pensando sobre estas y otras cosas cuando a la vez veía como la locomotora descendía paulatinamente su velocidad hasta llegar a una parada final que nos hizo llegar por fin a Ulan Bator tras 24 horas de viaje. Con la llegada a la capital mongola tocaba despedirnos de nuestros entrañables compañeros de compartimento : Los Ingenieros de minas Marcin e Igor nos daban un abrazo y nos deseaban suerte . Mochila al hombro ,Claudia y yo salímos al exterior y en un par de minutos encontramos a la persona de la UB Ghesthouse que iba a ser nuestro hogar durante dos días en la capital mongola.
Notaba que estaba de vuelta en Asia. Me sentía tremendamente feliz, pese al caos de su arquitectura, y al generalizado estilo uniformado comunista de grandes avenidas e insulsos edificios. Sea lo que fuera, por alguna extraña razón que no sé explicar, intuía que estaba de nuevo en este continente que tanto amo y que tanto me fascina. Quizá muchas veces sea fruto de mi imaginación, pero estoy seguro de que algo hay, pues otras personas experimentaron la misma sensación. Llegar a la UB ghesthouse era recibir de nuevo esas cálidas sonrisas que iluminan tantos rincones del continente asiático.
Tras la ducha de rigor y un ligero reposo, salímos a explorar la ciudad, hay que decir que en Ulan Bator necesitas buscar referencias de lugares para orientarte, y es que las calles tienen un estilo de numeración y nombres bastante diferente al que podemos tener en nuestras mentes. Pese a todo ello , pudimos llegar con facilidad – gracias a la gran orientación con los mapas de Claudia
– a visitar uno de los referentes turísticos de la ciudad: los Templos de Chojin Lama o el bello Monasterio de Gandan . Volvía sin duda a saborear una paz y tranquilidad que por alguna razón percibo en los templos de influencia budista, pude conversar con un monje sobre el país,el futuro y algunas cosas de política internacional. Momento que Claudia aprovechaba para sacarme una foto e inmortalizar el momento que muestra mi vuelta a Asia y el volver a conversar con sus gentes. Sin duda que guardo con especial cariño el momento que allí vivimos en esa fantástica mañana .

Con la claridad del sol, y a pesar de la contaminación de Ulan Bator disfrutamos del infinito azul del cielo que se suele ver a diario en sus desiertos y pastos. Creo que con la palabra felicidad se puede decir a la sensación que experimentamos Claudia y yo en esos momentos. Ver que estábamos en Mongolia ,tras un viaje que empezaba a miles de kilómetros en una ya muy lejana San Petersburgo, sin duda que era algo que nos irradiaba el corazón y el estado de ánimo. Podíamos percibir en esas primeras horas en Mongolia las sinceras sonrisas de afables ancianos y niños, la serenidad y tranquilidad de un pueblo que sigue mostrando una sabiduría popular en unos rostros marcados por la gelidez de los inviernos y la amplitud de sus llanuras, montañas y desiertos. Sentirse tan lejos de nuestros hogares y a la vez tan cerca de nosotros mismos, sin duda una de las razones que me motivan a seguir pensando eso de que ¨mi patría en mis zapatos´´ y de que ´´el viajero no se siente extranjero en otros países´´.
Las visitas a los museos de la ciudad nos llevaban a caminar por la Historia y ver como el pueblo mongol sigue mirando con admiración a su hijo más internacional, un Gengis Khan que llegaba a las puertas de Europa hace cientos de años, la plaza mostraba un monumento que engrandecía la figura del conquistador que llevo el imperio mongol a ser el mayor imperio que la humanidad había conocido, cuesta a veces pensar en esas enormes distancias, en la ausencia de medios de transporte y ene la omnipresencia del caballo para los enormes desplazamientos. 
En los museos de Historia podíamos recordar esos tiempos, y mezclarlos con los horrores que sufrió el pueblo mongol en manos de la dictadura comunista, todo ello llevo no solo a intelectuales a la muerte, sino que llegó a ser una réplica de los gulags rusos con un genocidio que muchas veces permanece oculto para nuestros países occidentales.
Pasear por Ulan Bator es hacerlo por una ciudad llena de contrastes, que pese a su fealdad exterior guarda rincones que deben ser visitados. Cito la obligada visita a la plaza de Sukhbaatar que permite ver a infinidad de niños y nómadas hacerse una foto en la plaza más popular de la ciudad , y que guarda en una esquina la impronta huella del capitalismo y los nuevos tiempos que invaden ya todo el Mundo. Una tienda de Louis Vutton está en la parte derecha de la plaza,,cabe preguntarse ¿ quién coño necesita un bolso Louis Vutton en Ulan Bator?.
Otras opciones recomendables es entrar en algunos de los museos de Historia o mirar la ciudad desde el Memorial Zaisan (sirve como homenaje a los soviéticos) y nos permite tener unas perspectivas de la ciudad , una extraña pero entrañable urbe que ejerce como capital de un pueblo eminentemente nómada. Mezclarse con sus gentes en autobuses o en el decrépito Black market nos permite sumergirnos en la capital de un país que nunca se ha sentido urbano. Un afable y risueño país que pese al paso de los siglos sigue honrando a los caballos, a sus jinetes y a los héroes que un día lograron conquistar el mundo a lomos de su animal predilecto.
Sentarse a ratos en un café y un restaurante nos llevaba a poder descansar durante un par de días y a saborear con calma todo lo que habíamos dejado atrás. Ello nos llevaba a sonreir obviamente con la impronta aventura que estábamos viviendo a bordo del Transiberiano y a proyectar nuestros sueños en la que estaba a punto de venir , y es que nos esperaba uno de los grandes espacios naturales que he visitado en mi vida: el Gobi con su majestuosa y bella inmensidad…
Hoy la cita es :
´´Fueron los libros los que me impulsaron a partir,fueron los libros los que me proporcionaron el gusto por la aventura” Arturo Pérez Reverte
Las horas pasan y llega nuestra última noche en tierras rusas, tras una leve cabezada de tres horas nos levantamos de madrugada para ir a la estación de trenes de Irkutsk, un taxi nos espera gracias a la ayuda del personal del Hostel. Estamos en agosto y se nota la frescura de estas noches, sin duda debe ser un maná del cielo para la población local, la suavidad de las temperaturas del verano contrasta con las grandes nevadas que caen durante el invierno en esta parte de Rusia.
En la estación de tren podemos observar un gran tumulto de gente que se dispone a partir, como en la mayor parte de las estaciones del mundo un sinfín de rostros y personajes rocambolescos aparecen por cada rincón de la estación. Tenemos tiempo para hacer acopio de algunas provisiones para el largo viaje que nos espera, son 24 horas de trayecto entre Irkutsk y Ulan Bator , mañana estaremos en la capital de Mongolia y habremos dejado Siberia y la inmensidad de Rusia . Pensamos en lo que dejamos atrás, hemos atravesado Rusia, el país más extenso del mundo en tren, desde la ya lejana San Petersburgo han pasado dos semanas, miles de kilómetros y muchos intensos momentos en este conjunto de mundos dentro de un mismo país. 
Todo ello quedará en el recuerdo, y en nuestras mentes empezamos a dejar volar la imaginación y tratar de recrear los paisajes y gentes que tantas veces hemos soñado y que nos aguardan en nuestra nueva etapa. Nos esperan nuevas aventuras en Mongolia, el país de los nómadas y de los caballos.
Mongolia es un país que en parte vive mirando con cierta nostalgia a su pasado glorioso y a su hijo predilecto, al hablar de Mongolia tanto en la mente de los mongoles como en la de todos los visitantes occidentales nos viene el nombre y la figura histórica de un Gengis Kan, un consumado guerrero que unificó a los pueblos mongoles y que extendió su poder por la mitad del mundo conocido, un estratega militar que lidero el mayor imperio terrestre que el ser humano ha conocido . Un imperio el mongol que se extendió desde las lejanas tierras mongolas hasta las puertas de la misma Europa Occidental.
El viaje en tren se inicia y vemos como el personal del tren es de nacionalidad china, hemos entrado en uno de los trenes que hace el trayecto Moscú a Pekín, tenemos por delante un trayecto largo, pero sin duda menor que el de aquellos que deben prolongar su viaje hasta Pekín,. Tanto Claudia como yo tenemos ya experiencia en maratonianas jornadas de 24 horas en el Transiberiano, así que nos tomamos con calma la experiencia de pasar un día entero dentro del tren, y también tenemos en cuenta que algunas horas vamos a estar en tierra, esperando en el paso fronterizo para hacer las tramitaciones de los pasaportes.
Al entrar en el vagón nos damos cuenta de que tenemos por compañeros de compartimento a dos de esas figuras que aparecen en las novelas , son dos ingenieros rusos que duermen a pierna suelta la borrachera , Igor y Vadin parecen sacados de una película cómica, regordete el primero y flaco el segundo, dos amigos ingenieros de minas que se dirigen a trabajar temporalmente en Mongolia . Todo eso nos lo contarían al despertarse y a lo largo del día, desde primera hora de la mañana entablamos conversación con tan singular pareja. El viaje se prolonga por 24 horas, así que hay tiempo para todo: leemos, escribimos, hablamos entre nosotros y con otros viajeros , y como siempre pasamos horas en el vagón restaurante .
Durante el trayecto nos da tiempo de sobra para conocer parte de las vidas de los compañeros de compartimento, nos muestran fotos de sus hijos y nos comentan cosas de la fmaosa literatura rusa, continuamente hacen referencia a Gógol y Bulgakov. Ambos hablan algunas palabras de inglés, así que entre todos hablamos e intuimos cosas que nos queremos decir. Las cervezas y algunos snacks aparecen en escena y las risas se convierten en carcajadas, la razón y magia del Transiberiano está una vez más en estos momentos en que la amabilidad de los rusos se muestra en el más legendario de los trenes que pueblan el planeta Tierra.
A media tarde llegamos al enclave donde el tren para y se realiza todo el trámite de pasaportes , se intuye ya el ir dejando atrás la Madre Rusia , para ello la espera se prolonga por más de dos horas, aprovechamos para estirar las piernas en este enclave fronterizo , de nuevo hacemos aprovisionamiento de deliciosas pastas y galletas caseras. En el tiempo de rellenar los formularios de salida del país nos encontramos con una de esas situaciones que pasan con el verbo viajar, tanto Vadin como Igor están literalmente borrachos, y tanto Claudia como yo terminamos rellenándoles sus tarjetas de salida de Rusia en ruso!!!, hemos descifrado con la ayuda de una pareja de viajeros portugueses lo que debe ir escrito en cada espacio, nuestros afables compañeros se equivocan varias veces y desisten. Claudia con una calma infinita se encarga de rellenarles sus datos personales, número de pasaporte, fecha de nacimiento y demás requisitos burocráticos , lo cierto es que la situación es rocambolesca y rompemos a reír , risas que contrastan con la cara de pocos amigos de los militares y miembros de la tripulación del tren que empiezan a sospechar que nuestros amigos Vadin e Igor les están vacilando.
Las horas pasan y al amanecer empezamos a descubrir las inmensas llanuras de Mongolia, sea lo que sea notamos que estamos ya en otro continente, con las primeras luces del espectacular amanecer Claudia se levanta y saca unas primeras preciosas fotos de Mongolia, en Tren se balancea y circula asemejándose a un reptil, podemos ver a lo lejos a la locomotora y como va tirando de todos los vagones, todo ello se mezcla con los primeros rayos del sol y con los pastos que se cruzan con los primeros caballos y casas nómadas que vemos. Sin saber el por qué empezamos a experimentar un nuevo conjunto de sensaciones, dejamos atrás Rusia, sus grandezas y miserias, y entramos en Asia por la puerta grande, en tren y en Mongolia.
Mongolia es sin duda un país que evoca a la leyenda de uno de los conquistadores más importantes de la Historia , Gengis Kan y sus implacables jinetes guerreros, es también un país con una superficie enorme y donde una parte muy importante de la población sigue viviendo como hace siglos, nómadas en el siglo 21 que siguen moviéndose en función del clima y los pastos, un país de la superficie de Europa Occidental que permanece muy lejano para la mayor parte del turismo occidental.
A medida que avanza el Transiberiano voy acabando un fantástico libro de la colección del National Geographic, se trata de En el imperio de Gengis Kan, y es sin duda un gran libro de viajes. Una historia que me lleva a poder entender algo de la historia de un pueblo que pasó de ser el centro del mundo a un pueblo aislado, recientemente en el siglo 20 su historia viene marcado por ser el segundo país que abrazó el comunismo, y por ello mismo sufrió en sus carnes parte de la dictadura del proletariado, con campos de reeducación, purgas y la eliminación de muchos opositores al régimen stalinista que se estableció en las vastas extensiones de su territorio.
Llegamos a Ulan Bator, por primera vez en todo el viaje descendemos del tren y nos encontramos con otros viajeros occidentales, al bajar del tren vemos a algunas personas que muestran nombres de alojamientos con carteles, tras un par de ojeadas vemos un cartel de UB Ghesthosue, el Hostel donde pasaremos nuestras dos noches en la capital.
Llegar a Ulan Bator es encontrarnos con una ciudad en un país eminentemente rural. Una capital a la que a pesar de la herencia de la fealdad de su arquitectura comunista se le pueden sacar rincones especiales, un lugar que aunque con escasa belleza transmite serenidad al viajero . Ulan Bator nos recibe con los brazos abiertos de Asia, y tanto ella como sus gentes nos ofrece su sonrisa y unos refrescantes aires. Siento de nuevo la magia asiática, dentro de mi fluye esa tranquilidad especial de estar de vuelta en ese continente que tanto me fascina y al que tanto amo…
Hoy la cita es :
´He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él ´Mark Twain
Cuando piensas en el Transiberiano tienes que tener en cuenta que muchos momentos, horas, e incluso días van a pasar lentamente, muy lentamente. El discurrir del viaje va ligado a las enormes distancias, lo fantástico tiene lugar muchas veces en las experiencias que pasan dentro del tren y en las pequeñas cosas que hacen de este viaje uno de los mayores baluartes para el viajero moderno ávido de experiencias sencillas pero apasionantes.
Un viaje en el que a pesar de estar inmersos en el siglo 21 poco han cambiado las cosas con respecto a los tiempos de la Unión Soviética.
Dejábamos atrás Tartaria y la preciosa Kazan para irnos a uno de esos lugares enigmáticos y marcados a lo largo de la Historia del Siglo 20, Siberia nos esperaba, un lugar al que había viajado en la imaginación con libros de Verne como Miguel Strogoff , Thubron con su clásico en Siberia y el corazón perdido de Asia y el Nobel Solzhenitsyn entre otros. Y es que solamente pronunciar el nombre de Siberia evocaba a inmensidad, a una tierra tan desconocida como remota, a una extensión de terreno que da nombre al tren que nos transportaba, sin embargo en la mente de todos Siberia va asociada a las purgas que el régimen stalinista aplicó a millones de seres humanos y cuyo genocidio ha pasado a nosotros en obras maestras de la literatura como el legendario Gulag del anteriormente citado Solzhenitsyn .
En la mente y corazón de cualquier viajero resopla con fuerza un viaje que contiene nombres tan fascinantes y lejanos como Tartaria o Siberia, íbamos a pasar varios días dentro del tren, así que optamos por hacer el trayecto Kazan – Irkutsk con escala en Omsk- donde reposaríamos unas horas . Dejábamos Kazan atrás y nos embarcábamos en el largo trayecto y devenir hasta la lejana Siberia.
Claudia y yo decidimos irnos al vagón restaurante, sin duda que es un lugar apropiado para pasar buena parte del día, entre té en vasos de preciosa decoración y varias cervezas transcurrían las horas e iban cayendo cientos de kilómetros divisando la inmensidad y el vacio de la taiga y estepa. Para amenizar las conversaciones opté por sacar un entretenimiento, hace años leía en la revista surfer rule y en ella Jose Pellón entrevistaba mediante una forma que me resultó siempre amena y divertida, era el Test de Warhol, una palabra debe ser respondida con otra palabra y con lo primero que se te viene a la cabeza
Ejemplo
Transiberiano : Aventura
Rusia : Inmensidad
Viajar : Vida
China : Caos
Entre el citado test, muchas risas y conversaciones acompañadas por cervezas, té y sabrosas sopas rusas pasamos las horas . El personal del Transiberiano parece muchas veces sacado de una película, las risas con los occidentales y el servicio en movimiento sirve como otro de los alicientes para aquellas personas que sigan viendo el tren como uno de los medios de transporte más apasionantes que existen. Una vez más vamos en dos compartimentos separados, en el vagón de Claudia entabló conversación con Sergei, que se dirige a la zona de Altai, es un profesor de instituto con el que podemos hablar en inglés, en mi compartimento estoy con una familia rusa que viaja para ver a unos familiares, realizan el viaje con dos niños pequeños que no paran de bromear conmigo, sus nombres son Sofia y Nicolai y a la vez que sonríen muestran curiosidad innata por mi presencia , por un extranjero en su país, por llevar la conversación con signos o por palabras que les indico con mi guía, compartimos caramelos y chocolate, y sus padres me ofrecen frutas y pasteles locales. Esas risas sinceras e inocentes que no necesitan de un lenguaje formal, pues la universalidad de la generosidad y la hospitalidad es algo que el viajero conoce y que siempre aparece en las gentes anónimas y de bien.
Nuestra parada a medio camino de los miles de kilómetros que separan Tartaria de Siberia es Omsk, allí es donde descansamos 15 horas, como suele pasar en el Transiberiano, cada ciudad es una nueva sorpresa, la riqueza del viaje en el legendario tren es que pese a lo monótono que pueda parece a primera vista dicho viaje ,cada nueva parada está llena de un sinfín de experiencias, momentos, y situaciones irrepetibles. En Omsk se da la curiosidad de que la estación de tren dispone de una zona con habitaciones que se alquilan por horas para que los viajeros del Transiberiano puedan reposar durante horas o días si se da el caso, llegamos fácilmente tras preguntar , se encuentra en el segundo piso de la estación. Tras lograr comunicarnos con 2 palabras en ruso podemos entrar en la habitación de la estación , que será nuestro alojamiento desde las 12 del mediodía hasta las 3 de la madrugada que sale nuestro próximo tren, un lugar que nos permite ducharnos y dormir antes de montar en el tren. La estación de tren de Omsk se encuentra alejada del centro de la ciudad, tras preguntar y no entendernos con los lugareños, nos ayuda un joven estudiante que nos dice que es el mismo bus en el que él va, mientras hablamos con él vemos como un hombre de unos 50 años y ligeramente borracho empieza a hablar algunas palabras con Claudia en alemán. Con todo ello nos metemos en el minubus que nos llevará al centro donde saborearemos una fantástica pizza.
Tras el descanso y el reposo en Omsk nos dirigimos a Irkutsk, un viaje de 40 horas que nos va a resultar sin duda duro, problemas estomacales y el cansancio acumulado hacen que sea sin duda la parte más complicada del viaje. Superados los problemas del estómago entablamos conversación y risas con dos mujeres que están en nuestro compartimento, Soya y Alexandra con las que apenas nos entendemos, no obstante cuando Alexandra se baja del tren , podemos hablar con Soya en esos idiomas universales de los signos y de algunas palabras que todo el mundo entiende, Claudia y ella pueden entenderse ligeramente en alemán, y tras compartir momentos y conversaciones irrepetibles nos despedimos de esta mujer que resulta ser una cardióloga a punto de jubilarse y que tiene poderes de adivina por situaciones que más adelante ocurriría, con cierta tristeza y un par de besos nos despedimos de esta afable mujer , en un par de horas llegaremos a nuestro destino Siberiano.
A Irkutsk llegamos por fin, en un viaje que parecía que nunca se iba a acabar, a nuestra llegada nos recibe una temperatura suave y un cierto olor a brisa marina que puede ser fruto de nuestra imaginación o la cercanía del Lago Baikal, sea lo que fuera estamos felices de haber llegado, Irkutsk y el Baikal será nuestro reposo por 4 días, una merecida parada antes de abandonar Rusia y continuar rumbo a Ulan Bator- la capital de Mongolia-.
Irkutsk ejerce como la ciudad cercana al Lago Baikal y como la última etapa rusa para muchos viajeros del Transiberiano, aquí es donde hago mi visado urgente para Mongolia pues disponen de un consulado, aprovechamos para explorar la ciudad, sus calles, iglesias, la ribera de su rio, las plazas que aún conservan esculturas de simbología comunista y que te hacen volar con la imaginación a un tiempo donde todo estaba controlado , podemos mezclarnos con los ciudadanos en su vida diaria en mercados, tranvías y restaurantes. Las casitas de madera en el centro de la ciudad muestran una calidez que contrasta con la gelidez que solamente nos supone nombrar a Siberia. Saboreamos comida local y los famosos caramelos y chocolate rusos que Claudia me recomienda probar. Parece mentira que hace tan solo unas horas estuviéramos en el tren, parece una película el dar la vista atrás y ver la infinidad de paisajes que dejamos en los pasados días , la taiga, la estepa, montañas y ríos que surcaban miles de kilómetros, aldeas rusas, y es que sin duda al alejarse uno de Moscú se observa la Rusia más humilde, donde los Audis y Mercedes dan paso a los Ladas y a los tractores, donde las tiendas de lujo dan paso a ser tascas de pueblo, y donde los anuncios de marcas internacionales no existen y las humildes luces pertenecen a populares casitas sencillas de madera.
Irkutsk dispone esa clase de tranvías que representa para mi uno de los signos característicos del Este y el antiguo telón de acero , son esos característicos tranvías el medio de transporte que nos llevaba desde la estación de trenes al hostel que nos sirve de alojamiento en la ciudad. Cuando entramos en el hostel vemos por casualidad el mapa de Rusia, y de forma espontánea nos llena de orgullo ver la distancia recorrida desde que llegamos hace ya más de una semana a San Petersburgo, al día siguiente nos vamos a Listvyanka, una villa que sirve como ribera turística al lago Baikal y a donde llegamos tras un viaje en furgoneta en el que vamos enlatados como sardinas. Litsvyanka es una villa sin un centro muy definido, las casas van extendiéndose a lo largo de la ribera de lago y esporádicamente pueden verse ya algunos establecimientos dirigidos a un turismo que empieza a llegar a la ciudad.
Llegamos a Listvyanaka dejando atrás la lluvia de Irkutsk, por suerte nos acompaña un maravilloso día en la villa del Baikal que nos permite disfrutar de sus fantásticas vistas, podemos saborear la cocina local, y tenemos la suerte de divisar la inmensidad del lago desde lo alto de una de la montañas que la rodea y a las que llegamos en funicular, al final de la tarde y antes de cenar en los puestos del mercado disfrutamos de unas memorables vistas dentro del barco turístico que recorre durante una hora una parte del Lago. En el mismo barco entablan con nosotros conversación una pareja de jóvenes rusos que están bastante borrachos, en menos de dos minutos están ofreciéndonos alcohol y repostería local, sin duda que la hospitalidad del pueblo ruso muchas veces aparece en situaciones inverosímiles , y estamos ante una de ellas.
Volvemos a Irkutsk donde recojo mi pasaporte con el visado de Mongolia, y podemos disfrutar alguna de las bellas iglesias ortodoxas que pueblan la ciudad, estamos a punto de montar en nuevo tren que nos llevará a Ulan Bator, dejaremos atrás Rusia, sus grandezas y sus contradicciones, y atrás habrán quedado miles de kilómetros y experiencias en el país más extenso de la Tierra, un país que sigue siendo un misterio para Occidente, un conjunto de experiencias fascinantes que siguen esperando al viajero y que evocan aquella reflexión de un maestro en que lo importante no es el destino sino simplemente IR.
Hoy la cita es
“Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad.” Julio Verne